Sin duda uno de mis tantos libros favoritos es el "Estudio en Escarlata" de Arthur Conan Doyle, primera de la larga serie de aventuras de Sherlock Holmes, epítome del pensamiento absolutamente racional.
En esta obra, cuya reseña no haré, pues no es la finalidad de esta publicación, hay en particular una frase que siempre me ha impactado por su claridad, sencillez y absoluta certeza:
"Es un error capital precipitarse a edificar teorías cuando no se halla aún reunida toda la evidencia, porque suele salir entonces el juicio torcido según los caprichos de la suposición primera."
Tenemos la tendencia muy natural de querer adelantar conclusiones aun y cuando no disponemos de la totalidad de la información necesaria para dar por cierto un resultado. Así, a partir de prejuiciar el curso del pensamiento, nos dirigimos al fin que hemos preconstruido, sin que exista la certeza de que resulta real, veraz y eficiente con los hechos que suponemos le dan origen.
Me recuerda en buena medida aquella conversación entre Alicia y el gato de Cheshire en el País de las Maravillas:
“[…]¿Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí?
—Depende mucho del punto adonde quieras ir —contestó el Gato.
—Me da casi igual adónde —dijo Alicia.
—Entonces no importa qué camino sigas —dijo el Gato.
—…siempre que llegue a alguna parte —añadió Alicia, a modo de explicación.
—¡Ah!, seguro que lo consigues —dijo el Gato—, si andas lo suficiente.”
Para llegar al resultado deseado, el camino debe ser el correcto.